El Instituto Canario de la Mujer denuncia el sexismo en los videojuegos

La directora del Instituto Canario de la Mujer ha denunciado los estereotipos sexistas contenidos en los videojuegos, declarando que “los videojuegos no están siendo una buena herramienta de formación para la igualdad y por el contrario, consolidan una serie de contravalores que se creían superados”.

¿Por qué ahora? Al parecer Enrique Javier Díez Gutiérrez, director del infame estudio La Diferencia Sexual en el Análisis de los Videojuegos, ha visitado Canarias con el propósito de reeditar la guía didáctica que elaboró a raíz de la investigación y repartirla en los centros de enseñanza secundaria. Como señala la noticia “Estas guías serán repartidas en los centros de Educación Secundaria y [la directora] anunció que esta campaña se volverá a repetir en navidades dado que en es uno de los productos que más se vende en esas fechas”. La cruzada contra los videojuegos, como hemos visto, no ha terminado.

Imagino que alguien se preguntará por qué este tipo de noticias me irritan cuando yo también he denunciado el sexismo que en existe en el sector. Pues bien, lo voy a explicar.

En primer lugar porque el estudio del profesor Díez demandaba la censura del medio y pretendía que los videojuegos sólo reprodujeran valores sociales positivos, el equivalente a reducir el cine a la temática social.

En segundo lugar porque la investigación estuvo plagada de errores, problemas metodológicos y de interpretación. Para que se hagan una idea, algunos juegos se analizaron con fuentes tan fiables como “lo que un chico que ha jugado me contó sobre él”, llevando a los investigadores a declarar disparates como éste:

[Street Fighter II] es un juego enormemente politizado, que no crítico políticamente. Caracteriza a los ‘malos’ como comunistas -especialmente Zangief- y a los ‘buenos’ como norteamericanos -los dos protagonistas Riu y Ken, son norteamericanos o nacionalizados como tales- (p. 183).

En tercer lugar, porque el estudio buscó desde un primer momento condenar esta forma de entretenimiento. En las más de quinientas páginas de la investigación el lector no encontramos una sola declaración positiva acerca de los videojuegos, ni siquiera sobre un título en particular. Se ofrece una visión increíblemente estereotipada del sector en la que no existe un solo videojuego que pueda plantearse como alternativa: todos son sexistas. Como el autor declaró: “Después de analizar los 250 videojuegos más vendidos, puedo decir que en absolutamente todos se reproducen estereotipos sexuales machistas y un gran contenido de violencia; cuanta más mejor” (la negrita es mía). Curiosa afirmación porque algunos de los títulos analizados incluyen Tetris, Lemmings y el ya comentado aquí Project Zero.

Por último, porque tanto el estudio como la guía didáctica, sea o no su intención, dan a entender que mientras los videojuegos son sexistas, otras formas de entretenimiento pueden considerarse “seguras”. De ahí que la directora del Instituto Canario de la mujer declarara que los videojuegos “consolidan una serie de contravalores que se creían superados”. Sin embargo el sexismo, como lo entienden los autores de la investigación, continúa existiendo en el cine, la literatura, el cómic, la televisión, la prensa, en revistas como Loka o Maxim… ¿Acaso hemos visto en los videojuegos alguna forma de sexismo que no hayamos observado previamente en otro medio? Esto, por supuesto, no justifica que los videojuegos hagan lo mismo, pero señalarlos como el único medio que “no ha superado ciertos valores” sinceramente me hace reír. ¿Cual es el papel de Pepper en la reciente película de Iron Man? ¿Cómo se retrata a la mujer en las comedias para adolescentes? Incluso las celebradas películas de Disney, cuando son sometidas al mismo nivel de análisis, revelan contenidos muy similares a los que encontramos en la investigación. Los videojuegos no surgen de un vacío cultural. Es necesario analizarlos en el contexto de la sociedad que los produce, del mismo modo que se hace con la literatura, el cine o el arte.

No voy a extenderme más porque tengo planeado un “tratamiento cero” para este estudio. Simplemente quería remarcar que aunque me gusta debatir el sexismo en los videojuegos (lo he hecho con frecuencia en este blog), nunca seré partidario de que este tema sea utilizado para impulsar una agenda política que, como puede observarse en el estudio, ofrece una visión estereotipada del medio y pretende imponer la censura, ignorando lo que los usuarios tengan que decir al respecto.

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