El retrato de las bandas criminales y la economía ilegal en Grand Theft Auto IV

La serie de videojuegos Grand Theft Auto ha sido acusada con frecuencia de glorificar mundo criminal, mostrando su lado más sensacionalista para complacer a sus jóvenes consumidores. Sin embargo ¿hasta que punto es esto cierto? Sudhir Venkatesh, profesor de sociología y estudios afroamericanos en la Universidad de Columbia (donde justamente me encuentro estudiando) afirma que el retrato de las bandas criminales en Grand Theft Auto IV es más realista de lo que en principio podría pensarse.

Antes de dejarles con la traducción de su artículo, quería introducir brevemente a este profesor. Sudhir Venkatesh no es un académico que haya tratado el mundo criminal desde su despacho analizando informes policiales. Venkatesh estuvo conviviendo con una banda de Chicago conocida como The Black Kings (los Reyes Negros) nada menos que siete años. Durante ese tiempo descubrió cosas tan curiosas como que su líder era licenciado en económicas, o que muchos traficantes tenían que vivir con sus madres porque no ganaban suficiente dinero. Venkatesh escribió que las organizaciones criminales funcionan de una forma muy parecida a multinacionales como McDonalds, donde la mayoría de los “empleados” recibe un pobre salario (algunos incluso pagaban para poder formar parte de las bandas) pero en las que los “altos cargos” hacían verdaderas fortunas. Venkatesh plasmó éstas y otras experiencias en su libro Gang Leader for a Day (líder una banda criminal por un día), aunque también puede encontrarse un resumen de sus impresiones en el más conocido Freakonomics, que pese a su curioso título fue escrito por Steven D. Levitt, profesor de económicas en la Universidad de Chicago y Stephen J. Dubner, periodista del New York Times.

Sin más preámbulos les dejo con la traducción del artículo “Unjustifiable Carnage, Uneasy Alliances and Lots of Self-Doubt: What Grand Theft Auto IV Gets Right about Gangland and Illegal Economies” (Carnicería injustificable, incómodas alianzas y muchas dudas sobre uno mismo: dónde Grand Theft Auto IV acierta en cuanto al mundo del crimen y las economías ilegales), publicado originalmente en Slate.

Carnicería injustificable, incómodas alianzas y muchas dudas sobre uno mismo: donde Grand Theft Auto IV acierta en cuanto al mundo del crimen y las economías ilegales

Sudhir Venkatesh

Si es seguidor del nuevo videojuego de Grand Theft Auto, conozco el vecindario indicado para usted. El escenario de GTA IV, Liberty City, es una versión amplificada del área metropolitana de Nueva York. Sin embargo, si quiere algo más próximo a la realidad, le recomiendo South Side, en Chicago. La última vez que visité Chicago me detuve en la calle 59, cerca de Washington Park (y a sólo unos pocos bloques de la pintoresca Universidad de Chicago). Dos bandas locales se enfrentaban a plena luz del día por el control de un importante punto de venta [de drogas]: un hotel. Por una cuota mensual, el propietario había prometido que permitiría a una banda convertir el lugar en un burdel -drogas, prostitución, mercancías robadas. Para las bandas, la victoria significaba mucho más que simplemente librarse de su enemigo. Ninguna de ellas controlaba el área próxima al hotel. Cualquiera que transportara drogas (o mujeres, o armas de fuego, etc.) al hotel, tendría que traspasar el área que se solapaba con el territorio de otras bandas rivales, que a su vez estarían preparadas para disparar al portador de mercancías.

La situación no tenía nada de divertido. Los residentes de este vecindario se encontraban viviendo una pesadilla. Sus políticos electos apenas les ofrecían ayuda, y la policía no respondía a sus llamadas para detener la guerra de bandas. Lo ha adivinado: su única esperanza era pagar a otra banda de narcotraficantes para que interviniera y mantuviera la paz entre las facciones beligerantes. Hablando claramente, podían confiar en la justicia callejera convirtiendo a un enemigo en aliado, o podían sentarse, sufrir y dejar que sea lo que Dios quiera.

Pensé en estos vecinos de Chicago y sus problemas morales cuando jugué a GTA IV por primera vez hace unos días. Prácticamente cada análisis ha celebrado los inigualables logros técnicos de su equipo creativo -y hay muchos. Pero también descubrí que GTA IV era un apasionante retrato de la vida urbana, el mundo criminal y las economías ilegales.

Esto puede sonar extraño, pero descubrí que Grand Theft Auto en realidad ofrecía un retrato menos sensacionalista del mundo criminal y las calles de los barrios bajos que el expuesto por la mayoría de los policías, políticos, legisladores e incluso académicos. Existe un matiz en el juego que lo distancia de la mayoría de los retratos convencionales de las grandes ciudades de América; el juego va más allá de la típica historia sobre inocentes ciudadanos que respetan las leyes frente a aborrecibles criminales de los que han de defenderse, donde todo es blanco o negro. No estoy sugiriendo que acudamos a GTA IV para solucionar el problema de las bandas o que lo convirtamos en un visionado requerido en nuestros institutos. El juego es un carnaval de violencia, engaño y crueldad que puede provocar nauseas tras jugar únicamente un par de horas -he tenido que descansar periódicamente y tocar una canción de Neil Diamond sólo para calmarme. Pero tengo que admitir que me sorprendió que un videojuego tuviera un entendimiento tan bien desarrollado y cuidadosamente hilado de la naturaleza humana.

El éxito del juego se basa en un simple principio: Niko Bellic: el protagonista que vaga por las calles de Liberty City, abriéndose camino en el mundo mediante el desarrollo de relaciones personales. Incluso en una ciudad dominada por belicosas bandas y una injustificable carnicería, la gente ha de encontrar el modo de trabajar en equipo no sólo para cometer crímenes, sino también para resolver disputas, responder a la injusticia y por supuesto cumplir con las misiones asignadas. Conforme avanzas con el gallardo Niko a través de las exquisitamente reconstruidas calles, vas desarrollando su red de amigos y camaradas. Por supuesto, en el explotador terreno del mercado negro, no puedes confiar en nadie por mucho tiempo; este es uno de los desafíos claves que dan vida a GTA IV. El mensaje es que el lobo solitario no puede sobrevivir. Niko tiene que arriesgarse y confiar en alguien.

Incluso los criminales han de seguir esta regla. En la Gran Manzana, las bandas locales se componen de mercenarios movidos únicamente por el propio interés y actúan según dicten el dinero y las circunstancias. Un “pelotón” Jamaicano puede tener un día un proyecto bajo control, pero se desplazarán varios bloques si el dinero les conviene. Un pandillero puede también cambiar de chaqueta y unirse a otro uniforme, incluso al de un antiguo adversario. En otras palabras, los agentes libres abundan tanto en Wall Street como en las calles de los guetos. Las calles de Liberty City en GTA IV consiguen transmitir esta fluidez entre enemistad y alianza en su proporción exacta. Un amigo puede convertirse en enemigo, un miembro de la banda puede volverse contra ti, nunca puedes confiar en un aliado durante mucho tiempo. Sin embargo, no puedes avanzar solo, y el juego te obliga a que hagas tus apuestas.

La trama de las misiones de GTA IV también proyecta una interesante imagen de la vida en las calles de Nueva York.  ¿Debería nuestro protagonista ayudar a su primo, aún cuando va en contra de sus propios intereses? ¿Debería Niko permanecer junto a su novia, aunque ello signifique poner en peligro su seguridad personal? ¿Podría entablar amistad con el miembro de una banda rival y convertirlo en un aliado? Siempre me quedó un residuo de duda tras tomar estas decisiones. Lo correcto y lo incorrecto nunca está tan claro -al menos en lo que respecta a las consecuencias de las propias acciones -y la misión de Niko puede fracasar porque hiciste o no hiciste lo correcto.

Aunque GTA IV es una experiencia vertiginosa y deslumbrante, definitivamente no estaré jugándolo hasta la última misión. Nunca podría dominar el mando lo suficiente como para no atropellar peatones mientras conduzco el coche de Niko. Pero me siento curioso por ver qué será lo próximo. GTA IV fue, según todos los informes, un gran avance con respecto a Grand Theft Auto: San Andreas, y puedo imaginar a GTA V llevándonos a incluso mayores alturas (o profundidades, dependiendo de su punto de vista). 

Si el equipo creativo necesita inspiración, creo que les podría interesar visitar South Side en Chicago. Allí verán que los asesinatos entre bandas y el mercenariado tienen algunas consecuencias interesantes -al margen de la tragedia de las heridas o la muerte. Cuando una misión falla en la vida real y las bandas son condenadas, los jugadores restantes deben primero formar una [nueva] banda antes de poder seguir adelante. Nadie puede continuar hasta que se reúnen y desarrollan intereses comunes. El resultado puede ser un poderoso sentimiento de solidaridad -aunque en South Side, normalmente se desperdicia en actividades de mala reputación.

Otro paso lógico para el grupo creativo de Rockstar Games sería extender la lógica del juego: ¿por qué no dejarnos formar nuestras propias bandas en el mundo virtual? Imagina las posibilidades: mi amigo y yo podríamos formar una banda de crueles pazguatos Sudasiáticos. Un puñado de miembros de hermandades universitarias de clase media podrían discutir sus intereses comunes. Que las mujeres también se unan a la fiesta. Podrían crear un grupo de malhumoradas abogadas ex-corporativas que, tras fracasar una negociación para captar un cliente, fueran a por sus cochinos superiores varones. De este modo, los enemigos dependerían de las bandas que formáramos, y, con el tiempo, el panorama reflejaría nuestras decisiones.

Y por cierto, quizá las distintas bandas podrían anunciarse online y jugar entre ellas. A mí por lo menos me gustaría formar un grupo de escritores que pudiera rebelarse contra los editores de las casas de publicación, quienes destruyen mis influjos creativos con sus incomprensibles comentarios. Me gustaría atropellarlos en la calle, salir de mi coche y aplastarles la cabeza, robar sus llaves y su dinero, irrumpir en sus hogares y destruir sus muebles, y entonces… ya sabes a lo que me refiero. 

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